
Blaise Pascal (1623-1662) fue uno de los grandes genios de Occidente como matemático, físico y filósofo. Después de una profunda experiencia espiritual, en pleno debate con la razón moderna naciente, escribió una Apología de la Religión Cristiana, que debería responder a las objeciones de la época de forma cabal e irrefutable. No consiguió su intento, pues, enfermo de gravedad, murió con tan sólo 39 años, en 1662, en París. Dejó únicamente anotaciones y pensamientos dispersos que se encuentran bajo el título Pensées, Pensamientos, apreciados hasta nuestros días.
Después de ensayar todo tipo de argumentos a favor de la fe, se dio cuenta, muy honestamente, de que ninguno de ellos era cabalmente convincente. Entonces forjó el famoso argumento de la «apuesta», válido hasta el día de hoy. En el párrafo 233 de sus Pensées, Pascal plantea la siguiente cuestión: «Dios existe o no existe». Sostiene que la razón puede aducir tanto argumentos a favor como en contra de la existencia de Dios, por lo cual no consigue llegar a una respuesta convincente. ¿Cómo salir de este camino sin salida?
Entonces Pascal dice: «es necesario apostar». No hay escapatoria, porque una vez que se planteó la pregunta uno se encuentra embarcado en ella, dice. La razón no se humilla por tener que apostar, y la apuesta te conviene: «tienes mucho que ganar y nada que perder». Por lo tanto, la apuesta es racional.
Si afirmas «Dios existe», y en efecto existe, lo ganas todo: la vida y la eternidad. Si afirmas «Dios no existe», y realmente no existe, no tienes nada que perder: el sentido de la vida y la eternidad eran meros devaneos. Entonces es racional, aconsejable y justo afirmar que «Dios existe» y así ganas mucho (HOASC, Cádiz).