
Nota emitida hoy por el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales con motivo de la publicación del tema de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2012.



MADRID, 26 Sep. 11 / 02:05 am
"Lo mismo que su madre". Con estas palabras, un sacerdote de la Arquidiócesis de Madrid dejó en silencio total a un taxista que quiso burlarse de él por la legalización del aborto preguntándole su opinión sobre esta práctica.
"El taxista aprovechó la ocasión de que me tenía dentro del taxi, y no me iba a tirar por la ventanilla, aunque estuviera abierta (recordará que la ley entró en vigor un día de san Lorenzo, así que estábamos en pleno verano), y me preguntó con un tono de guasa que para qué:--¡Vaya! Y ¿qué piensa usted de eso del aborto?"
"Si se hubiera dirigido a mí en serio, le hubiera respondido en serio, desde luego. Pero, ante el aire de sorna y de burla, aproveché que no sabía quién se le había metido en el taxi, y le respondí, sin alterarme un pelo: --Lo mismo que su madre".
Según el sacerdote, al taxista "le dio un espasmo de glotis (si su madre no hubiera pensado como yo, a él no le habrían dado la licencia del taxi), no pronunció ni una palabra más, y, al llegar al destino, le tuve que preguntar que cuánto era, porque, de lo contrario, me bajo sin pagar y ni se entera".
Su nombre es Youcef Nadarkhani y tiene 34 años. A los 19 se convirtió al cristianismo y ahora es partor cristiano evangélico, ante lo cual fue condenado a muerte en Irán por el «delito de apostasía». El American Center for Law and Justice (ACLJ) alertó ayer de que la ejecución podría llevarse a cabo mañana, día 27. La Audiencia Provincial de Gilan, en el noroeste del país, señaló que Nadarkhani tiene ascendencia islámica y, según ellos, no tiene derecho a ser cristiano, así que debe renegar de Cristo.

(Elentir/InfoCatólica) Los magistrados que juzgaban al joven pastor evangélico le conminaron a “arrepentirse”. Youcef respondió: “arrepentirse significa retornar. ¿A qué debería retornar? ¿A la blasfemia que tenía antes de mi fe en Cristo?” Los jueces replicaron: “a la religión de tus ancestros, el Islam”. Youcet entonces respondió de forma categórica: “no puedo”.
Según la Shariah (ley islámica), al apóstata sólo se le conceden tres oportunidades de retractarse, tras lo cual, de no hacerlo, puede ser ejecutado por el simple hecho de negarse a abrazar el Islam. Youcef ya se ha negado a retractarse dos veces: hoy está previsto que se le plantee la tercera y última. Si el joven pastor no reniega de su fe cristiana, podría ser ejecutado en cualquier momento. Según el ACLJ, la ejecución podría producirse el miércoles a primera hora, pues la ley islámica no permite apelación alguna.

"¡Qué se haga tu voluntad!" (Mt 6,10) En esto ha consistido, toda la vida del Salvador. Vino al mundo para cumplir la voluntad del Padre, no sólo con el fin de expiar el pecado de desobediencia por su obediencia (Rm 5,19), sino también para reconducir a los hombres hacia su vocación en el camino de la obediencia.
No se da a la voluntad de los seres creados, ser libre por ser dueño de sí mismo. Está llamada a ponerse de acuerdo con la voluntad de Dios. Si acepta por libre sumisión, entonces se le ofrece también participar libremente en la culminación de la creación. Si se niega, la criatura libre pierde su libertad. La voluntad del hombre todavía tiene libre albedrío, pero se deja seducir por las cosas de este mundo que le atraen y poseen en una dirección que la aleja de la plenitud de su naturaleza, como Dios manda y que han abolido la meta que se ha fijado en su libertad original. Además de la libertad original, pierde la seguridad de su resolución. Se vuelve cambiante e indecisa, desgarrada por las dudas y los escrúpulos, o endurecida en su error.
Frente a esto, no hay otro remedio que el camino de seguir a Cristo, el Hijo del hombre, que no sólo obedecía directamente al Padre del cielo, sino que se sometió también a los hombres que representaban la voluntad del Padre. La obediencia tal como Dios quería, nos libera de la esclavitud que nos causan las cosas creadas y nos devuelve a la libertad. Así también el camino hacia la pureza de corazón (Santa Teresa Benedicta de la Cruz viz. Edith Stein).

Al entrar fue muy grande mi sorpresa pues aquel anciano sacerdote, ciertamente muy grave, era el sacerdote que me había bautizado. Estaba inconsciente. Me presenté a la persona que lo cuidaba y se echó a llorar cuando le dije que yo había sido bautizado por aquel sacerdote.
Y me dijo: «Padre… el señor Cura supo de su ordenación sacerdotal allá en Europa, y decía que no quería morirse sin ver a su hijo sacerdote, pues él le había engendrado a la fe por el agua del Bautismo». Y allí estaba yo ungiendo y presentando al Señor a ese siervo fiel que me había regalado la gracia que ahora me permitía a mí bendecirlo.
Este hecho ha marcado mi vida sacerdotal, pues yo también estoy llamado a engendrar a la vida de fe a muchos por el Bautismo, pero más aún por mi forma de vivir la fe. No sé cuántos de los que yo he bautizado haya llamado Dios a servirle, pero, desde entonces, cada vez que presento un niño en la pila bautismal hago una petición en mi interior: «Que el día de mañana, Señor, uno de ellos me ayude a ir a tu encuentro».
José Rodrigo López Cepeda, MSpS
Guadalajara, Jal.
Mary Wagner es una católica canadiense de 36 años que se dedica al apostolado pro-vida aun al precio de su libertad y ya no recuerda cuántas veces ha estado en prisión por defender la vida.
Afuera el sol está todavía alto, en verano, pero a las ocho de la noche las calles están ya semi-desiertas. Estamos en Chemnitz, en Theater Strasse 29, en un viejo palacio recién reconstruido que todavía tiene olor a cal fresca. Lo que te impacta de las familias neocatecumanales, cuando las ves juntas, como pasó esta tarde, son los hijos: seis parejas, cada una con nueve, doce o también catorce niños. En total hay unos setenta, adolescentes o casados hace poco. Mira sus rostros, sus ojos brillantes, y piensa: qué maravilla y qué riqueza hemos perdido nosotros los europeos con un solo hijo, mientras de una habitación contigua llega perentorio el grito de uno de los primeros sobrinos.
¿Qué hay en el hombre que no tenga otro hombre?, ¿Qué hay dentro de nosotros, para que puestos en las mismas circunstancias dos personas, unos digan sí al Señor y otros no? Es un misterio y un drama. El drama de nuestra libertad, que por mucho mal que hagamos Dios no nos la quita. Y el que sin Dios vivir quiere, sin Dios vive y sin Dios muere. WASHINGTON, Distrito de Columbia, 12 de septiembre 2011 (Notifam) – Los centros estadounidenses para el control de las enfermedades han estimado que los homosexuales varones representan un 61% de nuevas infecciones de VIH en los Estados Unidos de América, en tanto constituyen sólo el 2% del país de la población.
A principios de este mes, los Centros para el Control de las Enfermedades (Centers for Disease Control) dieron a conocer las estimaciones de las infecciones del VIH desde 2006 hasta 2009, mostrando que las nuevas infecciones se mantuvieron estables en alrededor de 50.000 para cada uno de los cuatro años.
Los homosexuales varones (hombres que tienen sexo con hombres) representaron 29.300 casos de las aproximadamente 48.100 nuevas infecciones en el 2009, y los homosexuales varones de entre los 13 y los 29 años de edad representaron el 27% de los nuevos casos.
El único grupo en el que están aumentado las nuevas infecciones de VIH, dicen, es el de los homosexuales varones jóvenes – impulsado por un aumento alarmante de infecciones en la población afro-americana. Se estimó que las nuevas infecciones entre los homosexuales varones jóvenes negros aumentaron un 48 por ciento en el período de 2006-2009 (de 4.400 infecciones de VIH en el 2006 a 6.500 infecciones en el 2009).
El estudio también reveló que casi el 20% de los homosexuales varones tienen VIH, mientras que casi la mitad de ellos no son conscientes de esa situación.

Ambos estados de vida tienen, en el amor de Cristo, que se entrega a sí mismo para la salvación de la humanidad, la misma raíz; son llamados a una misión común: la de dar testimonio y hacer presente este amor al servicio de la comunidad, para la edificación del Pueblo de Dios (cfr Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1534). Esta perspectiva permite ante todo superar una visión reductiva de la familia, que la considera como mera destinataria de la acción pastoral. Es verdad que, en esta época difícil, ésta necesita particulares atenciones. No por ello, sin embargo, debe disminuir su identidad o mortificada su responsabilidad específica. La familia es riqueza para los esposos, bien insustituible para los hijos, fundamento indispensable de la sociedad, comunidad vital para el camino de la Iglesia.
A nivel eclesial, valorar la familia significa reconocer su relevancia en la acción pastoral. El ministerio que nace del Sacramento del Matrimonio es importante para la vida de la Iglesia: la familia es lugar privilegiado de educación humana y cristiana y sigue siendo, para este fin, la mejor aliada del ministerio sacerdotal; esta es un don precioso para la edificación de la comunidad. La cercanía del sacerdote a la familia, a su vez, le ayuda a tomar conciencia de su propia realidad profunda y de su propia misión, favoreciendo el desarrollo de una fuerte sensibilidad eclesial, Ninguna vocación es una cuestión privada, mucho menos la del matrimonio, porque su horizonte es la Iglesia entera. Se trata por tanto de saber integrar y armonizar, en la acción pastoral, el ministerio sacerdotal con "el auténtico Evangelio del matrimonio y de la familia" (Enc. Familiaris consortio, 8) para una comunión fáctica y fraterna. Y la Eucaristía es el centro y la fuente de esta unidad que anima toda la acción de la Iglesia.
Queridos sacerdotes, por el don que habéis recibido en la Ordenación, sois llamados a servir como pastores a la comunidad eclesial, que es "familia de familias", y por tanto a amar a cada uno con corazón paterno, con auténtico olvido de vosotros mismos, con dedicación plena, continua y fiel: vosotros sois signo vivo que remite a Cristo Jesús, el único Buen Pastor. Conformaos a Él, a su estilo de vida, con ese servicio total y exclusivo del que el celibato es expresión. También el sacerdote tiene una dimensión esponsal; es ensimismarse con el corazón de Cristo Esposo, que da la vida por la Iglesia su esposa (cfr Exhort. ap. postsin. Sacramentum caritatis, 24). Cultivad una profunda familiaridad con la Palabra de Dios. Luz en vuestro camino, Que la celebración cotidiana y fiel de la Eucaristía sea el lugar donde obtener la fuerza para entregaros a vosotros mismos cada día en el ministerio y vivir constantemente en la presencia de Dios: Él es vuestra morada y vuestra heredad. De esto debéis ser testigos para la familia y para cada persona que el Señor pone en vuestro camino, también en las circunstancias más difíciles (cfr ibid., 80). Animad a los cónyuges, compartid sus responsabilidades educativas, ayudadles a renovar continuamente la gracia de su matrimonio. Haced protagonista a la familia en la acción pastoral. Sed acogedores y misericordiosos, también con aquellos a los que les cuesta más cumplir con los compromisos asumidos en el vínculo matrimonial y con cuantos, por desgracia, han fracasado.
Queridos esposos, vuestro Matrimonio se arraiga en la fe de que “Dios es amor" (1Jn 4,8) y en que seguir a Cristo significa "permanecer en el amor" (cfr Jn 15,9-10). Vuestra unión – como enseña el apóstol Pablo – es signo sacramental del amor de Cristo por la Iglesia (cfr Ef 5,32), amor que culmina en la Cruz y que es “significado y realizado en la Eucaristía" (Exhort. ap. Sacramentum caritatis, 29). Que el Misterio eucarístico incida cada vez más profundamente en vuestra vida cotidiana: tomareis inspiración y fuerza de este Sacramento para vuestra relación conyugal y para la misión educativa a la que sois llamados; construid vuestras familias en la unidad, don que viene de lo alto y que alimenta vuestro compromiso en la Iglesia y en promover un mundo justo y fraterno. Amad a vuestros sacerdotes, expresadles el aprecio por el generoso servicio que llevan a cabo. Que sepáis también soportar sus límites, sin renunciar nunca a pedirles que sean entre vosotros ministros ejemplares que os hablan de Dios y que os conducen a Él. Vuestra fraternidades para ellos una preciosa ayuda espiritual y un apoyo en las pruebas de la vida.
Queridos sacerdotes y queridos esposos, que sepáis encontrar siempre en la santa Misa la fuerza para vivir la pertenencia a Cristo y a su Iglesia, en el perdón, en el don de sí mismos y el la gratitud. Que vuestra actuación cotidiana tenga en la comunión sacramental su origen y su centro, para que todo se haga para gloria de Dios. De este modo, el sacrificio de amor de Cristo os transformará, hasta haceros en Él “un solo cuerpo y un solo espíritu" (cfr Ef 4,4-6). La educación en la fe de las nuevas generaciones pasa también a través de vuestra coherencia. Darles testimonio de la belleza exigente de la vida cristiana, con la confianza y la paciencia de quien conoce el poder de la semilla arrojada a la tierra. Como en el episodio evangélico que hemos escuchado (Mc 5,21-24.35-43), sed, para cuantos están confiados a vuestra responsabilidad, signo de la benevolencia y de la ternura de Jesús: en Él se hace visible cómo el Dios que ama la vida no es ajeno o lejano a las vicisitudes humanas, sino que es el Amigo que nunca abandona. Y en los momentos en los que se insinúe la tentación de que todo empeño educativo es vano, obtened de la Eucaristía la lz para reforzar la fe, seguros de que la gracia y el poder de Jesucristo pueden alcanzar al hombre en toda situación, también la más difícil.
Queridos amigos, os confío a todos a la protección de María, venerada en esta catedral con el título de “Reina de todos los Santos". La tradición une su imagen al ex voto de un marinero, en acción de gracias por la salvación de su hijo, que salió indemne de una tempestad marina. Que la mirada materna de la Madre acompañe también vuestros pasos en la santidad hacia un puerto de paz" (Discurso del Papa a las familias y los sacerdotes ANCONA, domingo 11 de septiembre de 2011).
Por ello han preparado una "Oración por la familia" que proponen sea rezada en todos los hogares del Perú:
"Padre de nuestro Señor Jesucristo, y Padre nuestro,
te adoramos,
Fuente de toda comunión;
protege a nuestras familias con tu bendición
para que sean lugar de comunión entre los esposos
y de vida plena donada recíprocamente entre padres e hijos.
Te contemplamos
Artífice de toda perfección y de toda belleza;
concede a toda familia un trabajo justo y digno,
para que podamos tener el sustento necesario
y disfrutar el privilegio de ser tus colaboradores
en la edificación del mundo.
Te glorificamos,
Motivo de la alegría y de la fiesta;
abre también a nuestras familias
los caminos de la dicha y el descanso
para gustar desde ahora aquél gozo perfecto
que nos has donado en Cristo resucitado.
Así nuestros días, laboriosos y fraternos,
serán una ventana abierta hacia tu misterio de amor y de luz
que Cristo tu Hijo nos ha revelado
y el Espíritu Vivificante nos ha anticipado.
Y viviremos alegres de ser tu familia,
en camino hacia Ti, Dios Bendito por los siglos.
Amén".
para la conclusión del
XXV CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL Astillero Naval de Ancona
(Domingo, 11 Septiembre 2011)
.... “¡Esta palabra es dura! ¿Quién puede escucharla?” (Jn. 6,60). Frente al discurso de Jesús sobre el pan de vida, en la Sinagoga de Cafarnaun, la reacción de los discípulos, muchos de los cuales abandonaron a Jesús, no esta muy alejada de nuestras resistencias frente al don total que Él hizo de si mismo. Porque recibir verdaderamente este don quiere decir perderse a sí mismos, dejarse involucrar y transformar, hasta llegar a vivir de Él, como nos ha recordado el apóstol Pablo en la segunda lectura: “Si vivimos, vivimos para el Señor, si morimos, morimos para el Señor. Sea que vivamos, sea que muramos, somos del Señor” (Rm. 14,8).
“¡Esta palabra es dura!”; es dura porque muy seguido confundimos la libertad con la ausencia de vínculos, con la convicción de poder hacer por nosotros mismos, sin Dios, visto como un límite a la libertad. Es ésta una ilusión que no tarda en volverse desilusión, generando inquietud y miedo y llevando, paradojalmente, a añorar las cadenas del pasado: “Ojala hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto…” decían los hebreos en el desierto (Es 16,3), como hemos escuchado. En realidad, sólo en la apertura a Dios, en la acogida de su don, llegamos a ser verdaderamente libres, libres de la esclavitud del pecado que desfigura el rostro del hombre, y capaces de servir al verdadero bien de los hermanos.
“¡Esta palabra es dura!”; es dura porque el hombre cae muchas veces en la ilusión de poder transformar las piedras en pan”. Después de haber puesto aparte a Dios, o haberlo tolerado como una elección privada que no debe interferir en la vida publica, ciertas ideología han apuntado a organizar la ciudad con la fuerza del poder y de la economía. La historia nos demuestra, dramáticamente, cómo el objetivo de asegurar a todos desarrollo, bienestar material y paz, prescindiendo de Dios y de su revelación, termina siendo un dar a los hombres piedras en lugar de pan. El pan, queridos hermanos y hermanas, es “fruto del trabajo del hombre”, y en esta verdad se encierra toda la responsabilidad confiada a nuestras manos y a nuestro ingenio; pero el pan es también, y primero aún, “fruto de la tierra”, que recibe de lo alto el sol y la lluvia: es don para pedir, que nos quita toda soberbia y nos hace invocar con la confianza de los humildes: “Padre (…), danos hoy nuestro pan de cada día” (Mt. 6,11).
El hombre es incapaz de darse a sí mismo la vida, el se comprende solo a partir de Dios: es la relación con Él la que le da consistencia a nuestra humanidad y hace buena y justa nuestra vida. En el Padre nuestro pedimos que sea santificado Su nombre, que venga Su reino, que se cumpla Su voluntad. Es sobre todo el primado de Dios que debemos recuperar en nuestro mundo y en nuestra vida, porque es este primado el que nos permite reencontrar la verdad de lo que somos, y es en el conocer y el seguir la volutad de Dios que encontramos nuestro verdadero bien. Dar tiempo y espacio a Dios, para que sea el centro vital de nuestra existencia.
¿De dónde partir, como de la fuente, para recuperar y reafirmar el primado de Dios? De la Eucaristía: que Dios se hace así cercano de modo que es nuestro alimento, Que Él se hace fuerza en el camino a menudo difícil, que se hace presencia amiga que transforma. Ya la Ley dada por medio de Moisés era considerada como “pan del cielo”, gracias a la cual Israel se convierte en el pueblo de Dios, pero en Jesús la palabra última y definitiva de Dios se hace carne, nos viene al encuentro como Persona. Él, Palabra eterna, es el verdadero mana, es el pan de la vida (cfr Gv 6,32-35) y cumplir la obra de Dios es creer en Él (cfr Gv 6,28-29). En la Última Cena Jesús resume toda su existencia en un gesto que se inscribe en la gran bendición pascual de Dios, gesto que Él como Hijo vive como acción de gracias al Padre por su inmenso amor. Jesús parte el pan y lo comparte, pero con una profundidad nueva, porque Él se dona a sí mismo. Toma el cáliz y lo comparte para que todos puedan beber, pero con este gesto Él dona la “nueva alianza en su sangre”, se dona a sí mismo. Jesús anticipa el acto de amor supremo, en obediencia a la voluntad del Padre: el sacrificio de la Cruz. La vida le será quitada en la Cruz, pero ya ahora Él la ofrece por sí mismo. Así la muerte de Cristo no se reduce a una ejecución violenta, es transformada por Él en un libre acto de amor, de auto-donación, que atraviesa victoriosamente la misma muerte y ratifica la bondad de la creación que salió de las manos de Dios, humillada por el pecado y finalmente redimida. Este inmenso don es accesible para nosotros en el Sacramento de la Eucaristía: Dios se dona a nosotros, para abrir nuestra existencia a Él, para involucrarla en el misterio de amor de la Cruz, para hacerla partícipe de del misterio eterno del que provenimos y para anticipar la nueva condición de la vida plena en Dios, en la espera de la cual vivimos.
Pero ¿qué cosa comporta para nuestra vida cotidiana este partir de la Eucaristía para reafirmar el primado de Dios? La comunión eucarística, queridos amigos, nos arranca de nuestro individualismo, nos comunica el espíritu de Cristo muerto y resucitado, nos conforma a Él; nos une íntimamente a los hermanos en este misterio de comunión que es la Iglesia, donde el único Pan hace de muchos un solo cuerpo (cfr 1 Cor 10,17), realizando la oración de la comunidad cristiana desde los orígenes referida en el libro de la Didajé: “Como este pan partido estaba esparcido en las colinas y recogido llega a ser una cosa sola, así tu Iglesia, desde los confines de la tierra viene reunida en tu Reino” (IX, 4). La Eucaristía sostiene y transforma la entera vida cotidiana. Come recordaba en mi primera Encíclica, “En la comunión eucarística está contenido el ser amados y el amar a su vez a los otros”, por esto “una Eucaristía que no se traduzca en amor concretamente practicado es en sí misma fragmentada” (Deus caritas est, 14).
La bi milenaria historia de la Iglesia está iluminada de santos y santas, cuya existencia es signo elocuente de cómo propiamente de la comunión con el Señor, de la Eucaristía nace una nueva e intensa asunción de responsabilidad a todos los niveles de la vida comunitaria, nace entonces un desarrollo social positivo, que cuyo centro es la persona, especialmente aquella pobre, enferma o necesitada. Nutrirse de Cristo es el camino para no permanecer extraños o indiferentes a la suerte de los hermanos, para entrar en la misma lógica de amor y de donación del sacrificio de la Cruz; quien sabe arrodillarse delante de la Eucaristía, quien recibe el cuerpo del Señor no puede no estar atento, en la trama ordinaria de los días, a las situaciones indignas del hombre, y sabe inclinarse en primera persona sobre el necesitado, sabe partir el propio pan con el hambriento, compartir el agua con el sediento, vestir al que esta desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado (cfr Mt 25,34-36). En cada persona sabrá ver al mismo Señor que no ha dudado en darse a sí mismo por nosotros y por nuestra salvación. Una espiritualidad eucarística, ahora, es verdadero antídoto al individualismo y al egoísmo que tantas veces caracterizan la vida cotidiana, lleva al redescubrimiento de la gratuidad, de la centralidad de las relaciones, a partir de la familia, con particular atención a aliviar las heridas de aquellas disgregadas. Una espiritualidad eucarística es el alma de una comunidad eclesial que supera las divisiones y contraposiciones y valoriza la diversidad de los carismas y ministerios, poniéndolos al servicio de la unidad de la Iglesia, de su vitalidad y de su misión. Una espiritualidad eucarística es camino para restituir dignidad a los días del hombre y, por tanto, a su trabajo, en la búsqueda de su conciliación con los tiempos de fiesta y de la familia, en el empeño de superar la incertidumbre de la precariedad del trabajo y la desocupación. Una espiritualidad eucarística nos ayudará también a acercarnos a las diversas formas de fragilidad humana, concientes de que ella no ofusca el valor de la persona, pero requiere proximidad, acogida y ayuda. Del Pan de la vida tomará vigor una renovada capacidad educativa, atenta a testimoniar los valores fundamentales de la existencia, del saber, del patrimonio espiritual y cultural; su vitalidad nos hará habitar la ciudad de los hombres con disponibilidad para gastarse en el horizonte del bien común por la construcción de una sociedad más justa y fraterna.
Queridos amigos, regresemos de esta tierra marquigiana con la fuerza de la Eucaristía en una constante ósmosis entre el misterio que celebramos y los ámbitos de nuestro cotidiano. No hay nada auténticamente humano que no encuentre en la Eucaristía la forma adecuada para vivir en plenitud: la vida cotidiana llegue a ser entonces lugar de culto espiritual, para vivir en todas las circunstancias el primado de Dios, al interno de la relación con Cristo y como ofrenda al Padre (cfr Esort. ap. postsin. Sacramentum caritatis, 71). Sí, “no de solo pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4): nosotros vivimos de la obediencia a esta palabra, que es pan vivo, hasta el punto de entregarse, como Pedro, con la inteligencia del amor: “Señor, ¿a quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios” (Gv 6,68-69).
Como la Virgen María, seamos también nosotros “regazo” disponible para ofrecer a Jesús al hombre de nuestro tiempo, despertando del deseo profundo de esta salvación que viene solamente de Él. Buen camino, con Cristo Pan de vida, a toda la Iglesia de Italia!
Bueno, eso es exactamente lo que ocurrió este mes de agosto en Madrid, en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), donde los asistentes fueron testigos de una convergencia trascendió en forma muy amplia la nacionalidad, el idioma y el color de la piel, lo cual no tiene parecido alguno con otros eventos de hoy en día.
A pesar de ser un evento católico, para muchos la JMJ fue mucho más que una reunión de jóvenes de una fe particular, fue un duro mensaje sobre el futuro vital de los valores sociales conservadores, es decir, los valores que edifican una “cultura de la vida” – en las próximas generaciones.
Marc Barnes, el autor del blog BadCatholic, fue uno de los que asistieron al evento masivo, y ha creado un poderoso documental visual de los seis días del evento. LifeSiteNews.com entrevistó recientemente al blogger de 18 años de edad, que planea asistir en este otoño a la Universidad de Steubenville, en Ohio.
“No es igual a un evento. No hay eventos juveniles de este tamaño”, dijo Barnes. “Por el volumen, esto debería haber sido un evento para que se publica en primera página”.
El vídeo de Barnes captó el espíritu que unió a los jóvenes en Madrid: vibrante, burbujeante (tal vez incluso un poco atolondrado), y – quizás lo más incongruente, dada la enormidad de la multitud – radicalmente ortodoxa.
“Se suponía que sería muy aguada… justamente porque es tan grande”, dijo el adolescente, quien comparó la JMJ con lo que llamó la religiosidad más suave de los miles de asistentes de Conferencia Nacional Católica Juvenil. “Pero en la Jornada Mundial de la Juventud, por Dios – era intenso, era ortodoxo, y las gracias que fluían a raudales para todos”.
“Todo el lugar estuvo lleno de milagros”.
El tenor de la alegría en Madrid no impidió el influjo de la cobertura negativa de las noticias: muchos informes resaltaron a los manifestantes seculares y de los derechos gays, o politizaron algunos aspectos del evento, tales como la concesión de un permiso al papa Benedicto XVI para que los confesores de la JMJ dieran la bienvenida a las mujeres que habían abortado y que volvían a la Iglesia.
Una pequeña sección de la mar de peregrinos en la misa de clausura del Día Mundial de la Juventud.
“El Papa cuelga ‘frutos de la gracia divina’ a los católicos excomulgados que admiten terminaciones”, decía un subtítulo de The Guardian, después que llegó a afirmar que el evento papal “pone de relieve las divisiones entre la vieja España católica y la nueva España liberal”.
“Los católicos pueden escuchar con respeto lo que el Papa tiene que decir sobre la anticoncepción, pero adherirán sin dudar a su marca favorita de preservativos”, escribió Miguel-Anxo Murado en el blog del mismo diario. “No es influyendo en la opinión pública, sino mediante presiones al gobierno que la Iglesia opera hoy en día”.
Algunos conservadores se quejaron de otras distorsiones de los medios que exageraron la influencia de los manifestantes y la calidad de “espléndido” del evento.
“Para dejar en claro las cosas, en el caso que se desarrolló exitosamente: las Jornadas Mundiales de la Juventud no son una fiesta de lujo para un octogenario megalómano que escurre la economía de un país diferente cada tres años”, escribió Christopher Stefanick, director de jóvenes de la Arquidiócesis de Denver.
Si bien no puede ponerse en duda la secularización de España – el país ha permitido el aborto a petición desde el 2010 y el “matrimonio” homosexual desde el año 2005 – los testigos del evento parecieron encontrar poco en el camino de la división, y pintaron un panorama más esperanzador.
Barnes dijo que la JMJ pareció impactar a la comunidad que la rodea, no por hacer estallar discusiones, sino por despertar el deseo de valores sociales perdidos hace mucho tiempo.
“La gente lo quiere. La gente está naturalmente inclinada a vivir esa idea, la cultura de la vida”, dijo Barnes. “Los temas surgieron. Era siempre sobre cosas como la anticoncepción, cosas como el matrimonio homosexual, cosas como el aborto – éstas serían las cuestiones.
“Y hubo un claro deseo… quizás no orientado a ningún objetivo específico, eso sería pedir mucho, sino un claro deseo por una forma mejor”.
La impresión positiva, dijo, trascendió la etiqueta “católica”, y pareció impactar inclusive a los no creyentes. “Fue fuerte para mí ver a las personas afectadas que en realidad ni siquiera estaban de acuerdo con el mensaje”, dijo Barnes, quien recordó una conversación particularmente agitada con un ateo en un bar.
“Se llenó de lágrimas porque él estaba diciendo ‘yo no creo en esto, pero el Papa va a venir y va a hablar con todos ustedes sobre el amor’. Y habló sobre la forma en que esto fue una cosa tan importante para él, aunque no lo entendió”.
Aunque a veces difícil de ver – para muchos, él nunca fue más que un punto blanco – todo el mundo supo lo que la figura provocó junto al ancho mar de peregrinos, y sirvió como su centro.
El papa Benedicto XVI, quien en su homilía del domingo ante la impresionante multitud exhortó a los jóvenes a “compartir con otros la alegría de su fe”, fue el claro objeto de afecto: los videos de Barnes captan la emoción que embarga a una pandilla de adolescentes cuando el anciano Pontífice pasa junto a ellos.
Para un blogger católico inmerso en la cultura de la juventud – Barnes se denomina a sí mismo un producto del sistema de educación pública – ese fenómeno particular está hablando.
Dijo que “hubiera sido un argumento más fácil decir que Juan Pablo nos ‘lavaba el cerebro’, ya que ese hombre era increíble. Ese tipo era un semental”. El pontífice alemán actual es una historia diferente.
Dijo que “el Papa es un poco nerd. Es muy agraciado como un joven, pero no lo parece – es muy tímido, muy tranquilo, es un poco torpe en sus movimientos… la idea que les pudiera ‘lavar el cerebro’ a los jóvenes alguien que se ve y actúa como el papa Benedicto… tiene que haber algo más sucediendo allí”.
“Eso no tiene sentido, a menos que se trate de la persona, sino que se trate de la fe”.
Kathleen Gilbert
7 de septiembre 2011 (Notifam)
Hay venenos que buscamos y que consumimos desde nosotros mismos. Somos débiles, somos frágiles, estamos heridos por las consecuencias del pecado original. Miles de objetos aparecen ante nosotros con un brillo aparente y engañoso: encierran mucho veneno, pero no lo vemos. Al final, dejamos que el mal penetre en el alma. Quedamos envenenados. Otros venenos nos llegan desde envenenadores de almas. Porque en el mundo de ayer y en el de hoy, hay personas y grupos que promueven, casi diabólicamente, el pecado en todas sus formas. Fuera de las escuelas, hay quienes engañan a los niños y adolescentes para que empiecen a drogarse. En el mundo de los medios de comunicación de masas, guionistas y productores lanzan a la televisión o al inmenso mundo de internet imágenes e ideas venenosas, que atontan, que encandilan, que llevan al pecado. Otros envenenadores son más sutiles. Trabajan desde insinuaciones. Susurran al oído datos tal vez verdaderos mezclados con interpretaciones falsas. Inspiran desconfianza hacia familiares, amigos, conocidos. Levantan pasiones de avaricia, de lujuria, de soberbia, de odio, de venganza. Inoculan su veneno poco a poco. El alma lo recibe a veces con una candidez que asusta. El ropaje de la voz suave de quien se declara «amigo» y no es más que un destructor de almas hace sucumbir a los ingenuos. Frente a tanto veneno, hace falta defenderse con firmeza. No podemos transigir mínimamente con ningún pecado, ni siquiera venial. La fórmula «antes morir que pecar» vale siempre. ¿Motivos para no dejarse envenenar? Basta con recordar que está en juego un tesoro inmenso del alma: nuestro amor a Dios. No sólo eso: también está en juego la vida verdadera, la de la gracia en los corazones. Está en juego, además, la caridad fraterna: todo pecado destruye las relaciones entre los hermanos. Hay que luchar con firmeza contra el veneno. Hay que denunciar y apartarse del daño que producen los envenenadores de almas. No podemos permitir que nadie ahogue la vida de gracia que Dios puso en nosotros desde el día del Bautismo. No podemos permitir que la mentalidad de este mundo nos llene de tinieblas. Vale para nosotros la exhortación de san Pablo: «Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos, pues esos tales no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio vientre, y, por medio de suaves palabras y lisonjas, seducen los corazones de los sencillos» (Rm 16,17-18). |
Sí, hay que apartarse decididamente de los envenenadores de almas. No sólo eso: hay que pedirle a Dios que no permita que nosotros mismos caigamos en ese terrible pecado de llevar a otros venenos grandes o pequeños, sino que nos haga difusores sanos y sinceros de todo lo bueno, lo agradable, lo perfecto (cf. Rm 12,2). |

¿Quiere comenzar a disfrutar realmente de esa hermosa etapa del noviazgo?, entonces aprende a decir NO y ALTO cuando se deba. Tú sabes en que momentos serán, quizá al principio será difícil, pero con el tiempo se te comenzara a hacer más fácil y llegara un momento en el que ya ni tendrás que decir NO ni ALTO porque todo se estará realizando según la voluntad de Dios para su vida.
Ya llegara en su momento la etapa del Matrimonio en donde podrán gozar de ese privilegio hermoso que se llama HACER EL AMOR con la persona que amas y con la que te uniste delante de Dios. Sé que Dios bendecirá tu matrimonio si tratas de agradarlo desde el noviazgo.
Hoy es momento de tu decisión, ¿Quieres seguir llevando esa vida desordenada?, ¿Quieres seguir siendo un instrumento de satisfacción sexual? ó ¿Quieres comenzar a agradar a Dios? ¿Quiere ser feliz verdaderamente?, ¿Quieres amar y sentirte amada en realidad? Entonces ármate de valor y APREDE A DECIR NO y ALTO se que Dios estará contigo si decides doblegar tu voluntad y comenzar a hacer la de Él.
Seguramente Dios estará muy feliz de ver en ti la determinación de no permitir más que eso pase y sobre todo tu voluntad de tratarlo de agradara, quizá al principio será difícil, quizá muy difícil, pero sobre todo tienes que estar seguro que SERA LA MEJOR DECISION que hallas tomado y que dicha decisión será la base en la que Dios te dará una relación sentimental mejor de lo que un día pensaste que podría ser y sobre todo cuando la etapa del matrimonio llegue serán un matrimonio muy bendecido por Dios.
Susana Chávez (izq. arriba), Diana Miloslavich (izq. abajo), Patricia Villanueva (der. arriba), Aída García-Naranjo (der. centro) y María Ysabel Cedano (der. abajo) ¿Estos rostros reflejan la paz?