viernes, agosto 27
Aconsejan no leer este artículo sobre derechos homosexuales: http://ping.fm/krCXx
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sábado, agosto 21
viernes, agosto 20
Están en camino, nadie se lo impidió: http://ping.fm/THXEc
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martes, agosto 17
miércoles, agosto 11
Esposos - Un sabio consejo: Ten a tu mujer en la más alta estima http://ping.fm/F8J7u
martes, agosto 10
sábado, agosto 7
Ayuda para que Google NO promueva el aborto: 12 sugerencias

Google ha anunciado que pondrá avisos en favor del aborto en España. Ayudemos para que desista.
Copio del blog de Víctor:
1. Háblale al jefe. El presidente de Google es el señor Eric Schmidt, una mente innovadora que entró en 2001 en la firma y la ha convertido en la mayor empresa de Internet. El señor Schmidt tiene una cuenta personal de Twitter con más de 107.000 seguidores. No tantos como el señor Ashton Kutcher, pero quizá sí tan influyentes o más que los del actor y esposo de la señora Demi Moore. Si usas Twitter, escríbele un mensaje de protesta al presidente de Google por su decisión de publicar anuncios de abortorios en España. Puedes comunicarte con él directamente en @ericschmidt.
Si hablas inglés, escríbeselo en ese idioma; pero si no lo manejas, no te preocupes: si el señor Schmidt recibe un volumen significativo de mensajes de queja escritos en español, te garantizo que en su equipo se los traducirán, si es que él mismo no aprende los rudimentos de nuestra hermosa lengua para ver qué diablos está pasando en su filial ultramarina.
Importantísimo: por favor, al final de tu mensaje al señor presidente de Google, no olvides poner alguna o todas estas etiquetas: #aborto #abortion #provida #prolife #google .
¿Por qué es tan importante? Porque, así, tu mensaje verá multiplicada su audiencia, al llegar a todos los usuarios de Twitter interesados en el aborto o en Google.
2. Háblale a Google. La compañía tiene su propia cuenta corporativa en Twitter. Puedes dirigirle a @google el mismo mensaje que escribes para el señor Schmidt. No hace falta que copies y pegues. Encabezas tu “tweet” con @ericschmidt @google, y el mensaje llegará a ambos perfiles, simultáneamente.
3. Háblale a los fans de la página de Google en Facebook. Lo bueno de las empresas de Comunicación es que cuidan mucho los canales para que puedas comunicarte con ellas. Les va en ello parte de su reputación.
Google no es precisamente un modelo de transparencia.
No publica direcciones de email de contacto.
Y si dispone de formularios de contacto para sugerencias, quejas y reclamaciones, desde luego, yo no los he encontrado, por mucho que he buscado.
Su blog corporativo no admite comentarios.
De lo que sí dispone Google es de una página corporativa en Facebook.
Su dirección es la siguiente: http://www.facebook.com/google.
Está en inglés, pero puedes escribir tus mensajes en español.
Llenemos su muro, entre muchos, de mensajes de protesta.
Deja el tuyo e invita a tus contactos a hacer lo mismo.
Antes, claro, hay que hacerse “fan” de la página de Google en Facebook. Pero si no te apetece seguir siéndolo, después de dejar tu mensaje en su muro, puedes darte de baja como fan. Tu mensaje quedará en el muro y tú ya no serás fan de Google en Facebook un segundo más.
4. Escribe a Google. ¿Dispones de algo más de tiempo? Escribe una carta de queja y envíala a:
Google Spain SL
A la att. del Sr. D. Javier Rodríguez Zapatero
Presidente
Torre Picasso
Plaza Pablo Ruiz Picasso 1
28020 – Madrid
O bien, envíala directamente a la sede central de Google, en Estados Unidos
Google Inc
A la att. del Sr. D. Eric Schmidt
Presidente
1600 Amphitheatre Parkway
Mountain View, California, 94043
5. Telefonea a Google. O envíales un fax con tu protesta por lucrarse con el negocio del aborto en España.
El teléfono de Google España es 91 748 64 00, y el fax 91 748 64 02.
Si hablas inglés y no te importa gastar en una conferencia telefónica, también puedes llamar a la oficina central de Google en California. El número es (+1) 650-253-0000. Y el número de fax, (+1) 650-253-0001
6. Únete al grupo“Ni un euro del aborto a Google” en Facebook. Acabo de crearlo. De momento, soy su único miembro. Y seguro que la idea es una locura, por pretender que en Google se den por aludidos. Pero si tú te apuntas, ya seremos dos. Y si lo recomiendas a tus contactos, seguro que alguno más se sumará. Apúntate aquí. Cuando Forrest Gump empezó a correr, iba solo. Y si no se apunta nadie más, da igual. Al menos, no me habré quedado quieto ante un negocio manchado de sangre inocente.
7. Firma la alerta cívica de HO. En los próximos días, HazteOir.org activará una alerta para canalizar los mensajes de protesta de los usuarios. Por favor, cuando la veas activa en la home de HO, fírmala y pásala.
8. Cambia de navegador. ¿Usas Chrome? Es el navegador de Google. Hay otros mucho mejores. De hecho, el Chrome no es de los mejores productos de Google y está lleno de fallos. Pásate a Mozzilla, Explorer. Hay más, aunque no me los sé todos. Yo uso Safari. Estoy encantado y, encima, se lo pongo un poquito más difícil para crecer a una empresa que se lucra con la muerte violenta de bebés.
9. Desinstala la barra de Google en el navegador. Muchos la teníamos. Ahorra algo de tiempo en las búsquedas, vale, pero tampoco pasa nada por prescindir de ella. Quítala y deja de ponérselo fácil a una empresa que hace negocio con el aborto.
10. Cambia de página de inicio. Seguramente, eres uno de los millones de usuarios que usan Google como página de inicio en su navegador. Yo soy uno de ellos. Hasta hoy. He cambiado de página de inicio y de buscador. Ahora uso Yahoo. He descubierto que es casi igual de útil (para qué vamos a engañarnos: Google es condenadamente bueno en las búsquedas) y tan manejable como el otro.
11. No pulses en ningún anuncio de Google. Habitualmente, cuando visitas un sitio web o buscas algo en Google, te aparece en la página una lista de “Anuncios Google”.
Por favor, no pinches en ninguno de ellos. Cada vez que lo hagas, estarás produciendo ingresos para Google.
Por ejemplo: imagina que estás planificando tus vacaciones y pones en el buscador. “Hoteles Gran Canaria”. A la derecha de la página de resultados, verás que te aparece una lista de anuncios publicitarios con ofertas concretas de hoteles en Gran Canaria.
Ya sé que facilita las cosas y que por eso es un servicio con tantos usuarios.
Pero puedes aprovechar esa información sin generar ingresos para Google.
¿Cómo? Muy fácil.
Observa que en esa lista de “enlaces patrocinados”, cada enlace indica, al pie del mismo, la dirección del sitio web al que te va a llevar si pinchas.
Copia esa url o dirección web, pégala en tu navegador y visita la página que te interese sin pasar por el anuncio de Google.
Un poco más lento, vale, pero igual de eficaz y, además, no haces más ricos aún a quienes se lucran con la muerte violenta de seres humanos indefensos.
12. No instales AdSense. Si tienes un blog o cualquier otro sitio web, a lo mejor conoces AdSense. Este servicio de Google es clave en la estrategia de su negocio publicitario.
Consiste en que tú, editor web, te instalas AdSense y Google empieza a publicar anuncios pagados en tu página.
Los contenidos de esos anuncios se relacionan con las palabras clave de las entradas de tu blog o los artículos de tu sitio web. Por ejemplo, si en tu blog escribes habitualmente sobre tecnología, los robots de Google seleccionarán anuncios de informática o teléfonos móviles, entre otros, para que aparezcan en tu página web.
Es posible que AdSense te proporcione algunos ingresos (Google te paga una candidad irrisoria cada vez que un lector de tu blog pincha en un enlace patrocinado). Pero, si puedes prescindir de esos 75 o 100 euros que Google te liquida cada tres meses, entonces, no uses AdSense.
Así Google tendrá un terminal menos para sus anuncios, resultará menos atractivo para los anunciantes y, si somos muchos los que adoptamos esta decisión, acabará ganando menos dinero con su negocio publicitario manchado de sangre.
Seguro que hay más acciones concretas que cada uno de nosotros puede emprender para no colaborar con el sucio negocio de Google.
Algunas no me atrevo a pedírtelas, porque ni yo mismo las haré.
Por ejemplo: no voy a cambiar mi correo de Gmail, que me deja gestionar todas mis cuentas y resulta bastante seguro contra spam.
Tampoco voy a dejar de usar Google Docs ni Google Calendar, que me facilitan la vida y me ayudan a trabajar en red.
La verdad es que Google hace buenos productos (otros, no tanto) y es una empresa innovadora que nos ha hecho a todos la vida un poco mejor y más divertida.
No es cuestión, creo, de darnos de cabezazos contra la realidad.
Pero podemos aplicar un sencillo principio y actuar en consecuencia: “Servirnos de todo lo bueno y no pagar por nada de lo malo”.
Usemos todo aquello de Google que nos ayuda, por ejemplo, a difundir la idea de que el derecho a la vida de cada ser humano es inviolable y el aborto es un acto cruel y letal (Youtube, Blogspot, Gmail…) y, al mismo tiempo, no colaboremos en nada que proporcione ingresos directos a Google, mientras esta compañía no cambie de política y siga lucrándose con el aborto.
T.E. Lawrence, el poeta y aventurero inglés que condujo a los árabes a liberarse de la tiranía turca a principios del siglo XX, emprendió el viaje para tomar Ákaba con sólo 80 hombres. Le tomaron por un loco. Ákaba era la joya del imperio otomano en la zona, un bastión inexpugnable. Es sabido que consiguió su objetivo. Durante la travesía por el desierto, se le unieron multitudes con la misma sed de libertad. La libertad es la fuerza más poderosa del mundo. Y la libertad de los otros, la libertad de las vidas humanas a las que el aborto arrebata la posibilidad de elegir, es un bien incluso más precioso que la propia libertad.
Si tú quieres, no hay imperio inexpugnable, por muy grande, poderoso, rico o influyente que sea. Si quieres, podemos hacer que Google sea nuestra Ákaba.
En todo caso, cada uno de nosotros habrá cumplido con su deber de no quedarse de brazos cruzados ante el mal.
jueves, agosto 5
La Escritura, Palabra para todos
Debemos comprender esto: la Sagrada Escritura es un camino con una dirección. Quien conoce el punto de llegada también puede dar, ahora de nuevo, todos los pasos y aprender así, de modo más profundo, el misterio de Cristo. Comprendiendo esto, también hemos comprendido el carácter eclesial de la Sagrada Escritura, porque estos caminos, estos pasos del camino, son pasos de un pueblo. Es el pueblo de Dios que va adelante. El verdadero propietario de la Palabra es siempre el pueblo de Dios, guiado por el Espíritu Santo, y la inspiración es un proceso complejo: el Espíritu Santo guía adelante, y el pueblo recibe.
Es, pues, el camino de un pueblo, del pueblo de Dios. La sagrada Escritura hay que leerla bien. Pero esto sólo puede hacerse si caminamos dentro de este sujeto que es el pueblo de Dios que vive, que es renovado y fundado de nuevo por Cristo, pero que conserva siempre su identidad. Por consiguiente, diría que hay tres dimensiones relacionadas y compenetradas entre sí: la dimensión histórica, la dimensión cristológica y la dimensión eclesiológica —del pueblo en camino—. En una lectura completa las tres dimensiones están presentes. Por eso, la liturgia —la lectura común y orante del pueblo de Dios— sigue siendo el lugar privilegiado para la comprensión de la Palabra, porque precisamente aquí la lectura se convierte en oración y se une a la oración de Cristo en la Plegaria eucarística
Quisiera añadir aún una cosa, que han subrayado todos los Padres de la Iglesia. Pienso, sobre todo, en un bellísimo texto de san Efrén y en otro de san Agustín, en los que se dice: si has comprendido poco, acepta, no pienses que has comprendido todo. La Palabra sigue siendo siempre mucho más grande de lo que has podido comprender. Y esto hay que decirlo ahora de modo crítico ante una cierta parte de la exégesis moderna, que piensa que ha comprendido todo y que por eso, después de la interpretación elaborada por ella, ya no se puede decir nada más. Esto no es verdad. La Palabra es siempre más grande que la exégesis de los Padres y que la exégesis crítica, porque también esta comprende sólo una parte, diría, más bien, una parte mínima. La Palabra es siempre más grande, este es nuestro gran consuelo. Y, por una parte, es hermoso saber que hemos comprendido solamente un poco. Es hermoso saber que existe aún un tesoro inagotable y que cada nueva generación redescubrirá nuevos tesoros e irá adelante con la grandeza de la palabra de Dios, que va siempre delante de nosotros, nos guía y es siempre más grande. Con esta certeza se debe leer la Escritura.
San Agustín dijo: beben de la fuente la liebre y el asno. El asno bebe más, pero cada uno bebe según su capacidad. Sea que seamos liebres, sea que seamos asnos, estemos agradecidos porque el Señor nos permite beber de su agua.
(Benedicto XVI)
Es, pues, el camino de un pueblo, del pueblo de Dios. La sagrada Escritura hay que leerla bien. Pero esto sólo puede hacerse si caminamos dentro de este sujeto que es el pueblo de Dios que vive, que es renovado y fundado de nuevo por Cristo, pero que conserva siempre su identidad. Por consiguiente, diría que hay tres dimensiones relacionadas y compenetradas entre sí: la dimensión histórica, la dimensión cristológica y la dimensión eclesiológica —del pueblo en camino—. En una lectura completa las tres dimensiones están presentes. Por eso, la liturgia —la lectura común y orante del pueblo de Dios— sigue siendo el lugar privilegiado para la comprensión de la Palabra, porque precisamente aquí la lectura se convierte en oración y se une a la oración de Cristo en la Plegaria eucarística
Quisiera añadir aún una cosa, que han subrayado todos los Padres de la Iglesia. Pienso, sobre todo, en un bellísimo texto de san Efrén y en otro de san Agustín, en los que se dice: si has comprendido poco, acepta, no pienses que has comprendido todo. La Palabra sigue siendo siempre mucho más grande de lo que has podido comprender. Y esto hay que decirlo ahora de modo crítico ante una cierta parte de la exégesis moderna, que piensa que ha comprendido todo y que por eso, después de la interpretación elaborada por ella, ya no se puede decir nada más. Esto no es verdad. La Palabra es siempre más grande que la exégesis de los Padres y que la exégesis crítica, porque también esta comprende sólo una parte, diría, más bien, una parte mínima. La Palabra es siempre más grande, este es nuestro gran consuelo. Y, por una parte, es hermoso saber que hemos comprendido solamente un poco. Es hermoso saber que existe aún un tesoro inagotable y que cada nueva generación redescubrirá nuevos tesoros e irá adelante con la grandeza de la palabra de Dios, que va siempre delante de nosotros, nos guía y es siempre más grande. Con esta certeza se debe leer la Escritura.
San Agustín dijo: beben de la fuente la liebre y el asno. El asno bebe más, pero cada uno bebe según su capacidad. Sea que seamos liebres, sea que seamos asnos, estemos agradecidos porque el Señor nos permite beber de su agua.
(Benedicto XVI)
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Compendio del Catecismo: coloquio con Dios
La forma de diálogo que tiene el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica y el uso de las imágenes quieren ayudar a cada fiel a ponerse personalmente ante la llamada de Dios, que resuena en la conciencia, para entablar un coloquio íntimo y personal con él; un coloquio que se extiende a la comunidad en la oración litúrgica, traduciéndose en fórmulas y ritos provistos de una belleza que favorece la contemplación de los misterios de Dios. Así, la lex credendi se convierte en lex orandi (Benedicto XVI).
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