lunes, mayo 31
domingo, mayo 30
sábado, mayo 29
domingo, mayo 23
Oración de Edith Stein en el último Pentecostés de su vida
Así oraba Edith Stein, copatrona de Europa, en el último Pentecostés de su vida. Ore Usted también con ella:"¿Quién eres tú, dulce luz, que me llenasy alumbras la oscuridad de mi corazón?Tú me guías como mano materna y me dejas libre.Tú eres el espacio que rodea mi ser y lo encierras en sí.Si tú lo dejaras, caería en el abismo de la nada,desde el cual tú lo elevas al ser.Tú, más cerca de mí que yo misma, y más íntimo que mi interior,y sin embargo inabarcable e incomprensible,que haces estallar todo nombre: Espíritu Santo, Amor eterno" (Werke, XI, Durten/Friburgp-Basilea-Viena 1987, 175).
sábado, mayo 22
Regalo para los amigos ateos
Una serie de artículos para nuestros amigos ateos: http://ping.fm/wI3Nu
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jueves, mayo 20
sábado, mayo 15
viernes, mayo 14
jueves, mayo 13
Benedicto XVI: Reformador y sus detractores
Si analizamos la forma en que Benedicto XVI está enfrentando la crisis del abuso de menores por delincuentes en hábito clerical y lo ponemos en la perspectiva de su vida, primero como teólogo del Concilio, después como prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y ahora como pontífice, nos daremos cuenta de que estamos ante un gran reformador.Ahora bien, reformar implica afectar intereses y esto es lo que le ha puesto con frecuencia en el ojo del huracán.
Durante su pontificado los ataques han sido constantes y podemos identificar tres frentes.
El primero lo forman quienes promueven la agenda del liberalismo radical (la «Matrix Progre»), que incluye aborto, eugenesia, eutanasia, experimentación con embriones, cientificismo, secularismo, laicismo, confusión entre matrimonio y uniones homosexuales, etc., siempre en busca de flancos débiles, magnificando o tergiversando declaraciones, aprovechando los traspiés y cebándose con los pecados de la Iglesia. Estos grupos y personas no lo saben, pero realizan una labor inestimable en beneficio de la Iglesia, pues en su afán de atacar y herir permiten revisar posiciones, purificar la vida, definir bien el rumbo. Ya decía san Pablo que es bueno que existan detractores pues ayudan a fortalecer la fe.
Un segundo frente proviene de grupos que alguna vez pertenecieron a la Iglesia y que hoy son disidentes que siguen diciendo que son «católicos». Viven resentidos con Ratzinger pues, desde que estaba al frente de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y ahora como Papa, ha señalado sus errores teológicos, disciplinarios y doctrinales. Son aquellos que quisieron ver en el concilio Vaticano II la ruptura de la Iglesia con su propia tradición y pactaron con una cultura secularista sacrificando su propia identidad. Un error que, por cierto, el Papa ha marcado como central en la crisis del abuso de menores. Están formados por una pléyade de movimientos que han aceptado la agenda de la «Matrix Progre» y son sus más fieles aliados.
Sin embargo, el tercer frente es el más peligroso pues habita dentro de la Iglesia. Son miembros que navegan con bandera de cardenales, obispos, religiosos, sacerdotes y seglares que actúan en la sombra y se presentan como defensores de la fe y modelos de catolicismo. Su motivación es el poder y la riqueza, para lo cual tejen redes de complicidades dentro y fuera del cuerpo eclesial. El caso más conocido es el de Maciel, siempre que entendamos que no actuó solo. Desde hace muchos años Ratzinger les ha enfrentado con decisión, paciencia y amor a la verdad. A ellos se refirió aquel Viernes Santo previo a su elección cuando denunció la podredumbre al interior de la Iglesia y su necesaria purificación. Son estas redes las que, en mi opinión, más fuertemente le han atacado en fechas recientes. Al denunciar las redes de pederastia y tomar medidas contra Maciel y su legado, el Papa los va dejando al descubierto.
Hay que estar muy atentos a lo que viene. La historia se repite. Aquel que besa al Maestro, el que en apariencia lo arropa y consiente, es quien quiere entregarlo a la crucifixión. El que toma la cruz y le sigue es su amigo. Hay que observar bien los signos de los tiempos. (Por Jorge E. Traslosheros, El Observador)
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miércoles, mayo 12
El Espiritu de la verdad os revelara todo
Catecismo de la Iglesia Católica
§ 687-688
«Él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena»
«Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1C 2,11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que «habló por los profetas» (Credo) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a Él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo, y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos «desvela» a Cristo «no habla de sí mismo» (Jn 16,13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué «el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce», mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14,17).
La Iglesia, comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
en las Escrituras que Él ha inspirado;
en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales
en el Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;
en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
en la oración en la cual Él intercede por nosotros;
en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;
en los signos de vida apostólica y misionera;
en el testimonio de los santos, donde Él manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.
§ 687-688
«Él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena»
«Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1C 2,11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que «habló por los profetas» (Credo) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a Él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo, y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos «desvela» a Cristo «no habla de sí mismo» (Jn 16,13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué «el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce», mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14,17).
La Iglesia, comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
en las Escrituras que Él ha inspirado;
en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales
en el Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;
en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
en la oración en la cual Él intercede por nosotros;
en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;
en los signos de vida apostólica y misionera;
en el testimonio de los santos, donde Él manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.
martes, mayo 11
Don del Espíritu Santo
«Del mismo modo que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece inactivo (por ejemplo, los ojos privados de luz [...), así también nuestra alma, si no recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente una naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltará la luz para llegar a su conocimiento» (San Hilario).
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lunes, mayo 10
Un estupendo comentario al evangelio de hoy
«Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la Verdad, él dará testimonio de mí» - Es gracias a la ayuda del Espíritu Santo que la Iglesia crece, Él es el alma de esta Iglesia. Es Él quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y de su misterio. Es Él el que, hoy como a los principios de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en su boca las palabras que él solo no podría encontrar, predisponiendo al mismo tiempo el alma del que escucha para hacer que se abra y acoja la Buena Nueva y el Reino anunciado.Las técnicas de evangelización son buenas pero las más perfeccionadas no podrían reemplazar la discreta acción del Espíritu. La más refinada preparación del evangelizador no puede hacer nada sin Él. Sin Él es del todo impotente sobre el espíritu de los hombres la dialéctica más convincente. Sin Él, los esquemas sociológicos o psicológicos más elaborados, pronto se revelan del todo desprovistos de valor.
En la Iglesia vivimos un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se busca conocerle mejor, tal como nos lo revela la Escritura. Se es dichoso poniéndose bajo sus mociones. Nos reunimos en torno a Él. Queremos dejarnos conducir por Él. Ahora bien, si es verdad que el Espíritu de Dios ocupa un lugar eminente en toda la vida de la Iglesia, es en su misión evangelizadora que actúa de manera primordial. No es por casualidad que el gran despliegue de evangelización de la Iglesia tuvo lugar la mañana de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu.
Se puede decir que el Espíritu es el agente principal de la evangelización... Pero igualmente se puede decir que es el término de la evangelización: solo Él suscita la nueva creación, la nueva humanidad que es adonde debe encaminarse la nueva evangelización, hacia la unidad en la diversidad que se debería provocar en la comunidad cristiana. Es a través de Él que el Evangelio penetra en el corazón del mundo porque es Él el que nos hace discernir los signos de los tiempos –signos de Dios- que la evangelización descubre y da valor en el interior de la historia (Pablo VI, papa de 1963 a 1978, Exhortación apostólica « Evangelii nuntiandi », c.7, §75)
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50 razones para rezar el Santo Rosario
Anímate...
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sábado, mayo 8
Mes de Mayo, Mes de María
Caminando por la calle, viajando en auto, haciendo footing, cocinando y limpiando, realizando un trabajo rutinario: momenos aptos para rezar el ROSARIO:
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martes, mayo 4
Regalo del Espíritu Santo a nuestros tiempos: el Vaticano II
Recordemos en particular el evento eclesial más importante del siglo XX. Para una gran renovación de la Iglesia, el Espíritu Santo inspiró al Papa Juan XXIII que pusiera la "pequeña semilla" (Const. Ap. Humanae salutis, 25-12-1961) anunciando el 25 de enero de 1959 la convocación del Concilio Vaticano II. Él mismo no podía imaginar en aquel momento lo que este acontecimiento traería consigo por todas las reformas de la Iglesia y de la Curia Romana, por la publicación del nuevo Código de Derecho Canónico, del Código de los cánones de las Iglesias orientales, del Catecismo de la Iglesia Católica, de tantas cartas encíclicas importantes, del nuevo Misal romano, ni el impulso que imprimiría a la colegialidad, al diálogo ecuménico y al diálogo interreligioso. La preparación y la apertura del gran Jubileo 2000 estimulan la profundización de este rico patrimonio por parte de las nuevas generaciones.
Vea la encíclica: Los fieles laicos (a los 20 años del concilio)
lunes, mayo 3
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