
“El momento de iluminación” del P. Chevalier, Fundador de la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, se dio al contemplar el Corazón traspasado de Jesús. Si el carisma es un modo de ver al Jesús de los evangelios, como nos enseñó el P. Cuskelly, el recordado Superior General, entonces este fue el modo único, muy especial, del P. Chevalier de ver al Jesús de los evangelios. Este fue para él su momento de gracia, el momento culminante de entender y experimentar todo lo que Dios quería decirnos. Como dice él mismo: “El Verbo, salido del Corazón del Padre, hace surgir el mundo de la nada; y del Corazón del Verbo Encarnado, traspasado en el Calvario, veo surgir un mundo nuevo, el mundo de los elegidos” Y esta creación, tan fecunda, llena de esplendor e inspirada por el amor y la misericordia, es la Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, que mantiene presente esta nueva creación sobre la tierra hasta el fin de los tiempos” (p. 79 de Quince días con Julio Chevalier, cf. SCJ 145-146). ¡Del corazón del Padre surgió el mundo; del Corazón del Verbo Encarnado, abierto por la lanza, surgió un mundo nuevo!
El Corazón de Jesús atravesado por la lanza es el regalo más perfecto que podía darnos y el no va más. El corazón traspasado es la culminación de un amor tan grande que da sentido a la Encarnación y la lleva a la perfección. No hay ningún don más perfecto ni un acto de amor más perfecto. El Corazón abierto se convirtió en el camino por el que Dios podía libremente descender para encontrar al hombre y por el que el hombre podía libremente ascender para encontrarse con Dios. El Corazón abierto se convirtió en aquel túnel de doble dirección que hace posible que Dios venga a nosotros y que nosotros vayamos a Dios.
El Padre Fundador, viendo surgir un mundo nuevo, una creación nueva, y que estaba naciendo un Pueblo de Dios nuevo, entendió de verdad no sólo los símbolos sacramentales de la sangre y el agua que brotaban del Corazón de Jesús cuando lo traspasó el centurión, sino también el amor de Dios fiel y comprometido que anima al hombre a “sacar agua con gozo de las fuentes de la salvación”. El hombre está desde ahora autorizado a ir a la fuente, “a sacar agua con gozo de las fuentes de la salvación” (Prefacio de la Misa del Sagrado Corazón, cf. Isaía 12,3). A través del Corazón de Cristo, Dios se encuentra con el hombre y el hombre con Dios. El Corazón es el lugar de encuentro entre Dios y el hombre. Jesús, Dios con nosotros, tiende un puente entre nosotros y el “totalmente otro” de Dios.
Para Julio Chevalier, el principio y el fin de la vida de Jesús son de hecho lo mismo. Jesús crucificado explica la Encarnación- cómo “tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único” (Jn. 3, 16). El Corazón traspasado es de verdad la culminación de la Encarnación. “Mirarán al que traspasaron” (Jn. 19, 37b). Y aquel al que traspasaron se convierte en salvación de los que le miran.
Uno de los dones del Corazón abierto de Jesús es que el hombre puede dar a otros la vida que le ha sido dada. Puesto que él puede ahora “sacar agua con gozo” de la fuente de la vida, puede compartir con los demás esa inagotable agua que da vida. Así es como irán surgiendo una creación nueva, y una multitud de gentes. Esto es, al mismo tiempo, un reto para todos nosotros para trabajar por la justicia y la paz, y la salvaguarda de la Creación. La plenitud de vida que promete Jesús (Jn. 10, 10) abarca todo lo que promueve la vida y el amor, y fortalece lo que da vida, y una vida con más sentido- igualdad, justicia, fraternidad, amor, promoción de la dignidad humana, y la defensa de un mundo que dé vida y la conserve.
Por una parte, Jesús, al revelarnos el amor compasivo del Padre con nosotros, nos atrae hacia Él. Por otra parte, nos envía a la misión y nos da fuerza para ser evangelizadores de ese amor que salva. Esta es, también, nuestra tarea, llevar los demás a Jesús, a la vida eterna que él prometió. ¡Que el Corazón de Jesús sea amado en todas partes!
¡Feliz Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús!