Desgraciadamente quienes no pueden participar en la Eucaristía dominical ya van aumentando. Los que tenemos la facilidad de participar en ella, ¿cómo la valoramos?
¿Consideramos la misa del domingo como una obligación pesada? Tendríamos que descubrirla como el gran regalo de Dios, cada ocho días. ¡Cuánto tenemos que cambiar para considerar la Eucaristía como un don magnífico de Dios! Estamos lejos de aquel "nosotros no podernos vivir sin el dominicum" de los mártires que prefirieron morir antes de celebrar la misa dominical.
Los padres deben insistir en esto a los jóvenes y los niños. ¡No desertemos de la Eucaristía del domingo! La fiesta del fin de semana sin celebrar cristianamente el domingo, con su cumbre en la Eucaristía, es evasión, diversión (dispersión), evasión hueca, sin sentido. El domingo, sin Dios, es algo sin sentido y a la larga deja aburrimiento, desazón, tristeza, vacío, tedio. Los jóvenes no deberían dejarse engañar por los "maestros de lo fácil", si quieren tener peso, libertad e identidad propia.
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