La famosa verdad incómoda del calentamiento global que vende Al Gore empequeñece hasta la insignificancia, al lado de esta otra que tenemos ante nuestras narices: «Estamos alterando el hábitat natural en el que se desarrollan mejor los niños, y en el que se realizan más plenamente los adultos, y todo por culpa de absurdos prejuicios ideológicos, que casi nadie se atreve a discutir». Esa verdad tan incómoda, pero tan cercana hoy a cualquier persona, nadie le presta atención.El padre y la madre que se quieren ya han enseñado a sus hijos la lección más importante de todas en la vida. Ese amor se vuelca también en los hijos, y se traduce en una educación exigente. Y «se cultiva una cultura de la excelencia, porque las personas, cuanto más se les pide, más dan».
Así se forman los líderes. Los padres e hijos de estas familias se convierten, sin darse cuenta, en líderes, «porque son personas con tirón, motivadas, que se preocupan por los demás. Eso es liderazgo. Son personas a las que recurren los amigos, los compañeros de trabajo, porque su estilo de vida atrae. Ése es el liderazgo que la sociedad necesita: un liderazgo de las familias, y empieza a construirse de una forma muy sencilla: se empieza por ir a esas reuniones del colegio; por dedicar tiempo a los hijos; por dedicar también tiempo a hacer cosas por la sociedad, por los demás. Los hijos perciben y valoran eso, y la gente desde fuera, también».
























