¡Esto es precisamente lo que nos produce tan gran desidia y negligencia! ¡que no leemos completas las Sagradas Escrituras, sino que elegimos aquellas partes que nos parecen más claras y no tenemos cuenta con el resto! ¡Semejante práctica es la que ha originado las herejías! El no leer íntegro ni admitir el cuerpo de las Escrituras, por pensar que en éstas hay algo superfluo o menos necesario. Por tal práctica resulta que ponemos todo nuestro empeño en otras cosas -no sólo en las superfluas sino incluso en las inútiles- y en cambio olvidamos adquirir pericia en las Sagradas Letras.
(¿Lo que sigue se puede aplicar a las carreras modernas?).
Los que se admiran hasta embobarse de los espectáculos de las carreras de caballos, pueden decirnos hasta el nombre y la calidad y el pedigrín y la patria y la educación que ha recibido cada corcel, con todos los pormenores y los años de vida que tiene y-cuánta sea su velocidad en la carrera y cuál de los caballos llevará la victoria en el caso de competir con tal otro, y cuál de éstos, si se le suelta y lo gobierna cuál! de los aurigas, ganará en las carreras y se adelantará a su competidor
Lo mismo quienes se ocupan en las danzas: demuestran una locura no menor que la de quienes corren caballos, en relación con los personajes que indecorosamente se presentan en el teatro (hoy diríamos en el cine): ¡me refiero a los mimos y a las bailarinas! Porque recuerdan y refieren sus genealogías, su patria, su educación y todos los demás datos.
(Y de usted, ¿San Juan Crisóstomo diría algo similar?):
En cambio, si preguntamos cuántas y de qué calidad son las cartas de Pablo, no sabrán decirnos ni siquiera el número. Y si hay algunos que sepan el número, cuando se les pregunta qué ciudades fueron las que recibieron tales cartas, no saben contestar. Hubo un cierto eunuco de linaje bárbaro, oprimido por infinitos cuidados y negocios, que de tal manera estaba aficionado a los Libros Santos, que no descansaba ni aun durante sus viajes; sino que sentado en su coche, se entregaba con diligencia a la lectura de las Sagradas Escrituras.
En cambio nosotros, que no estamos apretados ni por la mínima parte de los negocios que al eunuco distraían, nos aterrorizamos aun con solos los títulos de las cartas; y esto, siendo así que cada domingo nos reunimos aquí y nos entregamos a escuchar las sacras lecciones (Ojalá). (San Juan Crisóstomo +407)
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