En un estudio sobre los videojuegos y la violencia los autores explican que supervisaron a 161 niños de entre 6, 9 y 12 años, y a 354 universitarios. A cada uno se le asignó al azar un juego violento o no. Después, los participantes jugaron a otro juego en el que se les pedía que impusieran niveles de castigo a otra persona. Los resultados demostraron que quienes habían jugado a videojuegos violentos castigaron de forma más severa que aquellos que habían jugado con no violentos. Además, la investigación reveló que la naturaleza interactiva de los videojuegos da como resultado una relación más fuerte con el comportamiento violento, si se compara con otros medios no interactivos como la televisión o las películas.
Un resultado que sorprendió a los investigadores fue el hecho de que no hubiera diferencias entre los niños y los universitarios. Esto contrasta con el punto de vista sostenido por muchos de que los niños son más vulnerables a la violencia en los medios, ya que indica que los universitarios se ven afectados de igual forma.
Como nota positiva, basada en la información de los entrevistados, se constató que lo que ocurre en el hogar influye en el comportamiento. Los niños cuyos padres ponen más límites al uso de los medios eran menos agresivos. («Violent Video Game Effects on Children and Adolescent» - Efectos de los Videojuegos Violentos en Niños y Adolescentes, Oxford University Press, USA. El libro es el resultado de un esfuerzo conjunto de tres psicólogos: Craig A. Anderson, Douglas A. Gentile y Katherine E. Buckley)
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