En el debate actual sobre la verdad y la fe se da algo como una vuelta a los fantasmas", es decir, desvían la atención del tema y la dirigen hacia la Inquisición y la quema de brujas. Vea un artículo estupendo de un historiador sobre este fenómeno. ¿Que hay detrás de todo esto?
Con acierto, el jesuita y prestigioso biblista Jean-Noël Aletti lo ha calificado de triunfo de la sospecha, no de la realidad. «Nada como la sospecha -señala- para atraer a lectores potenciales... ¡Extraña época la nuestra -añade-, en la que pululan las falsas verdades y las verdaderas falsedades! Si un autor dice que su escrito es de ficción, cuando todo lleva a creer lo contrario, ¿la mentira es sólo novelesca?» La raíz del mal de nuestro tiempo está, ciertamente, en esa mentira más honda, la que separa la fe de la vida, dejando entonces a la vida desprovista de toda verdad.
Pero la vida y la verdad son inseparables. Empeñarse en separarlas, como el prefecto Rústico desde la mentira de su religión, en la antigua Roma, o los prefectos de hoy desde la mentira de su irreligión, sólo puede conducir a la cultura de muerte hoy dominante. Sin embargo, como acaba de decir el cardenal Ruini, «no hay motivo para ceder al pesimismo: al final, la fascinación de la verdad es más fuerte que la de la ilusión», porque, en efecto, estamos hechos para la verdad. (A&O 501)
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