
El Congreso de los Diputados ha aprobado por fin dos reformas del Código Civil muy negativas para el matrimonio. Hoy han quedado eliminadas sistemáticamente del Código las palabras marido y mujer, de tal modo, que el matrimonio, en cuanto unión de un hombre y una mujer, ya no es contemplado por nuestras leyes. Ayer la institución del matrimonio perdió su nota propia de estabilidad legal y fue reducida a un contrato ligero que cualquiera de las partes puede rescindir en virtud de su mera voluntad a los tres meses de haberlo estipulado.
De este modo, las leyes españolas que regulan el matrimonio se han convertido en radicalmente injustas. No reconocen la realidad antropológica y social de la unión del hombre y la mujer en su especificidad y en su insustituible valor para el bien común, en concreto, para la
realización personal de los cónyuges y para la procreación y educación de los hijos. Nuestras leyes han dejado, por tanto, de tutelar adecuadamente los derechos de los padres, de los niños y de los educadores. Por otro lado, al dejar prácticamente al arbitrio de la libertad individual la continuidad del pacto conyugal, dejan también desprotegido el vínculo matrimonial y abierto el camino legal a la conculcación de los derechos del otro cónyuge y de los hijos.
Ante esta penosa y grave situación, es necesario confiar en que la sociedad española sabrá salir en defensa del matrimonio, de la familia y de los niños. Es necesario oponerse a estas leyes injustas por todos los medios legítimos que el Estado de Derecho pone a disposición de los ciudadanos. Hay que trabajar para que
los derechos desprotegidos y conculcados sean de nuevo reconocidos y tutelados. Habrá que colaborar en el establecimiento de la justicia y abstenerse de toda complicidad con la injusticia. Contamos para todo ello con la ayuda de la gracia de Dios que alienta nuestra esperanza.
Conferencia Episcopal Española
(30 de junio de 2005)
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Una carta a los padres que nunca conocí.
A los padres que nunca tuve Me hubiese encantado haberos conocido. De muy pequeño me dieron en adopción a una pareja de homosexuales, cuando yo lo que quería era un papá y una mamá. Para ello argumentaron dos cosas: igualdad y libertad. La suya, claro, porque a mí nadie me preguntó lo que quería. Creo que todos los niños deberíamos tener un padre y una madre, para que, al crecer, pudiésemos tener la libertad, de la que tanto hablan los mayores, de elegir el patrón de comportamiento que más nos gustase: el de papá (hombre) o el de mamá (mujer). Ellos no pensaron que los niños actuamos por imitación, y yo nunca pensé que los mayores fuesen tan egoístas, hablando sólo de su libertad, no de la nuestra, la de los niños. ¡Qué lástima!
Alejandro Díaz C. García
Sevilla (A&O 458)
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Palabras del presidente del congreso italiano Pier Ferdinando Casini«La leyes de Zapatero no son progresistas, sino egoístas, conservadoras y reaccionarias, en cuanto dirigidas a favorecer a los más fuertes –los homosexuales–, en detrimento de los más débiles –los niños–»
De derecha a izquierda:Marcello Pera, Presidente del Senado; Pier Ferdinando Casini, Presidente del Congreso;y Silvio Berlusconi, Presidente del Gobierno