
Si se detecta a la persona que comete este abuso, ha que comunicarle que un pecado tan grave incurre automáticamente en excomunión reservada a la Sede Apostólica. Y, si se tiene la certeza de que realiza ese acto sacrílego, no sólo hay que comunicárselo personalmente, sino que el sacerdote tiene la obligación de no darle en adelante la Sagrada Comunión. A su vez, los fieles, que muchas veces son los que pueden comprobar mejor estos hechos, tienen obligación moral de informar al sacerdote que celebra sobre la persona concreta que realiza esta sustracción sacrílega, para que se pueda actuar en consecuencia. Ellos mismos pueden, si presencian tal acción, advertir a quien lo hace del acto sacrílego que está cometiendo. (más)
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